El cinco por ciento de los lunares gigantes tiene riesgo de cáncer

Grupos pequeños de células pigmentadas de la piel, comunes en casi todas las personas y que generalmente aparecen después del nacimiento. De esta forma, los manuales definen algo tan normal para nuestro cuerpo como son los lunares. Sin embargo, en todo, siempre hay excepciones. Y lo que para algunos son pequeñas «manchitas» color café que nutren algunos puntos de la piel y que no tienen mayor problema o ventaja que lo meramente estético, para otras personas este efecto en la dermis se convierte en una auténtica pesadilla médica y social.

Éste es el caso de los afectados por el nevus gigante congénito. Una malformación de nacimiento en la piel que puede cubrir del 10 al 90 por ciento del cuerpo del bebé. Su excasa incidencia –un recién nacido de cada 50.000–, convierte esta anomalía en una auténtica desconocida y hace que forme parte de la larga lista de enfermedades raras. Melania sabe muy bien a qué se enfrentan los afectados. «El lunar que mi hijo tenía al nacer le cubría media cara. Fue algo muy duro. Los médicos no nos decían nada claro ni nos aseguraban cuál era el riesgo futuro para el pequeño. Algunos especialistas opinaban que había que eliminarlo inmediatamente y otros, que era necesario esperar». El miedo de Melania por su hijo estaba muy presente. Aunque ella no sabía nada de esa anomalía, en su cabeza rondaba la idea de un posible cáncer de piel. Los especialistas aseguran que este final no es lo normal, pero no hay que descartarlo. Según La doctora Martin, jefe de Sección de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética de la Clínica de Cirugía Estética en Granada Cocoon, «se calcula que el riesgo de malignización en los lunares gigantes es de un cinco por ciento». Con este pequeño, pero posible porcentaje, la mayoría de los padres no lo dudan un segundo: la operación es necesaria. Y aquí viene un nuevo y duro trago para los progenitores, ya que nadie desea ver a su recién nacido en el quirófano. «En el caso de mi hijo, con tan sólo tres años y medio, ya había pasado por siete operaciones », afirma Melania. Para esta mujer, el resultado fue satisfactorio. «Actualmente mi niño tiene once años. Le quedan cicatrices, pero en general el resultado es bueno. Hemos sido muy afortunados».

No obstante la suerte de Melania no es compartida en todos los casos. Sofía ha vivido un auténtico calvario desde que dió a luz a su pequeña. «Mi hija nació con un lunar que iba desde los omóplatos hasta las nalgas, y además le cogía un poco de la pierna izquierda. Dedicimos operarla cuanto antes y nos pusimos en manos de un hospital madrileño». Las primeras operaciones dieron buenos resultados, no obstante, los problemas llegaron cuando a la pequeña decidieron aplicarle la técnica de los expansores, la misma que había usado Melania con su hijo, aunque los resultados fueron totalmente distintos. Según la cirujano plástico, «esta práctica consiste en colocar una especie de bolsas alrededor del lunar. Éstas se rellenan con un líquido a través de una válvula de inyección para que estiren la piel de las proximidades. De esta forma, esa piel “estirada”, cubrirá el defecto de piel secundaria a la extirpación del nevus». Sin embargo, en el caso de la hija de Sofía ocurrió algo muy grave. «Al quitar los globos, la piel “estirada” no era suficiente para cubrir la zona del nevus. Esto provocó que mi hija sufriera una isquemia, debido a que la piel estaba tan tirante que no le llegaba el riego sanguíneo ». A partir de ese momento todo fue de mal en peor para esta familia. «Lo siguiente que hizo el cirujano fue probar otra técnica nueva: la piel artificial íntegra. Ésta consiste en poner dermis artificial, y epidermis tuya, es decir, una capa fina de piel de la propia persona. No obstante, el problema fue que el cirujano cogió más cantidad de piel de la necesaria, y provocó en mi hija quemaduras de tercer grado».

EL MEJOR EXPERTO

Toda esta serie de circunstancias provocaron que Diana no se lo pensara ni un momento y fuera a París. «Allí está el mejor especialista sobre nevus gigante congénito. La mayoría de las familias acudimos a él, porque es el que más experiencia tiene. Ojalá hubiera ido desde un primer momento». El facultativo del que habla Diana es CM, médico del Hospital de París. Como bien afirma esta madre, muchas familias acuden a París buscando algo que en España no encuentran: seguridad. Según Marquet, «no es cuestión de medios, sino de experiencia. Es difícil encontrar expertos en enfermedades raras», asegura. Martín, por su parte, afirma que «no es cierto que España no existan buenos profesionales. El problema es que las familias se asustan. Dan numerosas vueltas en busca de un rayo milagroso que solucione el problema, y a lo mejor ven esa luz en Francia». A pesar de todo, los padres optan por operar a los pequeños. Soportar las miradas y risas de la gente con respecto a la estética de sus hijos es un duro trago, por el que no todo el mundo está dispuesto a pasar.

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